Desde Platón todo fue un enredo.
Desde el demiurgo, la ética, los juicios, las críticas, el voluntarismo, el problema político, la moral, las cuestiones, las relaciones, el ser y el deber ser.
Y sin embargo, se olvidaron de lo más importante, de la filosofía que se nos queda grande a todos; y es que desde Platón, incluso desde antes de los primeros filósofos, vivir nunca fue fácil.
Se olvidaron de las relaciones humanas, de los seres físicos, del cuerpo sensible, tangible, del alma. Del alma, que no importa si la sentimos en el mundo de las ideas, aunque sea paralela al cuerpo o esté unida a él. Se olvidaron del sentir, del amar, del odiar. Del gritar, de la familia, de los te quieros mal vistos, de los que quedaron demasiado lejos, de los que se van. Se olvidaron de las sonrisas, de los amigos, del problema que encierra el verbo extrañar. Nunca hablaron de nostalgia, se disfrazaron de no haberla sentido nunca.
Nos enseñaron como comportarnos siguiendo los criterios de la razón, pero no importa la razón si te cruzas con unos ojos que te miran con más profundidad que el resto. Se diluyen los conceptos, las páginas se quedan todas en blanco. Se olvidaron de cómo nos arrastra el hedonismo, del vivir por el placer, se olvidaron de cómo nos dejamos llevar por lo que ellos llamaron pasiones, de la filosofía de amantes y amados, de los queridos, de los heridos, se olvidaron del dolor del rechazo y de la caducidad de las emociones que creímos sin final.
Hemos aprendido con ellos la filosofía del no querer.
¿y qué?
Si al final, sin querer, vivimos queriendo…
miércoles, 13 de agosto de 2008
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